El Templo de Luxor no se construyó para el culto diario de una divinidad concreta, sino para la fiesta de Opet: cada año la barca sagrada de Amón salía de Karnak y bajaba hasta aquí en procesión, y en estas salas se renovaba simbólicamente el poder del faraón. Ese origen explica su forma alargada, pensada como punto de llegada de un desfile.
Después nunca dejó de usarse. Los romanos instalaron aquí un campamento y convirtieron una sala en capilla, con pinturas que todavía se distinguen sobre los relieves faraónicos. Más tarde se levantó dentro del recinto la mezquita de Abu el-Haggag, que sigue en uso y quedó a media altura cuando se excavó el templo, con su puerta suspendida sobre el patio.
Delante de la fachada queda uno de los obeliscos del par original; el otro está en París. Desde aquí arranca la avenida de las esfinges que lleva al Templo de Karnak.