Edfu fue el gran centro de culto de Horus de Behdet, el dios halcón que encarnaba la realeza. El edificio que se ve hoy lo levantaron los Ptolomeos, la dinastía de origen griego que gobernó Egipto tras la conquista de Alejandro Magno, sobre un lugar sagrado mucho más antiguo. La obra avanzó por fases —santuario, salas interiores, patio y pilono— y en los muros quedó grabado el registro de esa construcción.
Las inscripciones convierten el templo en un manual de la religión egipcia: describen los rituales diarios, el calendario de fiestas y el mito del enfrentamiento entre Horus y Set, que aquí se representaba como un drama sagrado. También narran la Fiesta del Bello Encuentro, cuando la imagen de la diosa Hathor viajaba por el Nilo hasta Edfu para reunirse con Horus; su santuario de origen es el Templo de Hathor en Dendera.
Con el final del mundo faraónico el recinto se abandonó, se cubrió de arena y sobre él creció el caserío del pueblo. El despeje del conjunto se llevó a cabo bajo la dirección del arqueólogo francés Auguste Mariette, y a esa larga sepultura bajo la arena debe el templo su conservación excepcional: techos en su sitio, capillas cerradas y restos de color en algunos relieves.