La calzada se levantó y se amplió bajo distintos reyes, que fueron añadiendo tramos y estatuas hasta enlazar los grandes santuarios de la ciudad. Las esfinges no son todas iguales: hay ejemplares con cabeza de carnero, el animal sagrado de Amón —de ahí el nombre árabe del camino, «el camino de los carneros»—, y otros con cuerpo de león y rostro real.
Su razón de ser era la procesión. Durante la fiesta de Opet, las imágenes de los dioses salían del Templo de Karnak en barcas sagradas llevadas a hombros y recorrían este eje hasta el Templo de Luxor, con altos en capillas construidas para posar las barcas por el camino.
Al decaer los cultos antiguos, la avenida quedó cubierta de tierra y encima creció la ciudad, con casas, calles y edificios religiosos. Recuperarla exigió una larga campaña de excavación y de reordenación urbana, y la reapertura se celebró con un desfile nocturno seguido en todo el mundo. En el proceso salieron a la luz también restos de las etapas romana y cristiana del lugar.