Karnak no es un templo, sino un conjunto de recintos amurallados que creció por acumulación durante siglos. Cada faraón añadía su patio, su pilono —la puerta monumental en talud que marca cada acceso— o su capilla al trabajo de quienes le habían precedido, y casi ninguno derribó lo anterior. Por eso el recorrido avanza hacia atrás en el tiempo: cuanto más te adentras, más antiguo es lo que pisas.
El núcleo es el recinto de Amón-Ra, el dios principal de Tebas. A su lado quedan el recinto de Mut, la diosa consorte, con su lago en forma de herradura, y el de Montu, el dios halcón guerrero. El recinto de Mut tiene billete propio y no entra en la entrada general.
Karnak fue además un centro económico: administraba tierras, graneros y talleres, y de aquí partían las procesiones que recorrían la avenida de las esfinges hasta el Templo de Luxor durante la fiesta de Opet.