Cuando las pirámides dejaron de proteger a sus dueños del saqueo, los faraones cambiaron de estrategia: en lugar de señalar la tumba con un monumento visible, la escondieron. Eligieron un valle seco tras la montaña tebana, dominado por un pico natural con forma piramidal, y excavaron en la roca corredores descendentes que terminaban en la cámara funeraria.
El templo funerario, que antes formaba parte del mismo conjunto, se separó y se levantó al pie de la montaña, a la vista del río: por eso el Templo de Hatshepsut, el templo de Medinet Habu y los Colosos de Memnón están abajo, en la llanura, y las tumbas arriba, escondidas.
La estrategia tampoco funcionó del todo: casi todas las tumbas fueron vaciadas en la antigüedad. El hallazgo de la de Tutankamón, prácticamente intacta, es la excepción que hizo célebre el valle en todo el mundo.