Khnum es el dios carnero que, según los textos egipcios, modela a los seres vivos en su torno de alfarero. Esna fue su ciudad de culto, y el edificio que hoy se visita pertenece a la época grecorromana: se levantó y decoró bajo los Ptolomeos y, sobre todo, bajo los emperadores romanos, que aparecen en los muros vestidos de faraón y con sus nombres dentro de cartuchos.
De aquel templo solo queda en pie la sala hipóstila. El resto desapareció bajo la ciudad moderna, que fue creciendo encima en capas de escombro y viviendas. Esa misma sepultura urbana es la que salvó el color: al vaciar el interior y retirar los depósitos de hollín y sal acumulados durante siglos, los relieves del techo reaparecieron con su policromía.
Los textos grabados aquí están entre los últimos que se escribieron en jeroglífico. Incluyen himnos criptográficos, compuestos casi solo con signos de carnero o de cocodrilo: un juego de escritura para iniciados que ya dominaban muy pocos sacerdotes.