Lo que hace único a Kom Ombo es su reparto: en lugar de un solo dios, el templo sirve a dos, y para no dar preferencia a ninguno se construyó con la planta espejada. Cada divinidad tiene su puerta, su corredor y su santuario, y el eje central marca la separación. La mitad sur corresponde a Sobek, el cocodrilo del río; la norte, a Haroeris, «Horus el Viejo», invocado como sanador.
El edificio que ves es de época ptolemaica, con añadidos romanos posteriores, y ha sufrido mucho: la crecida del Nilo, los terremotos y la reutilización de piedra se llevaron buena parte de la fachada. Lo que queda en pie son sobre todo las salas interiores y las columnas del patio, con capiteles vegetales todavía coloreados en lo alto.
La ubicación no es casual. Aquí el río hacía escala en la ruta comercial hacia Nubia y hacia el oro del desierto, y el promontorio permitía controlar el paso, igual que ocurre aguas abajo en Gebel el-Silsila.