En este punto el Nilo se encajona y los acantilados llegan hasta el agua. Esa arenisca, blanda de cortar y dura al secarse, se convirtió en la cantera de referencia del sur de Egipto: durante generaciones se extrajeron aquí bloques que bajaban por el río hasta las obras de los grandes templos.
El lugar no fue solo industrial. Al estrecharse el cauce, se consideraba un paso sagrado ligado a la crecida, y en la roca se abrieron capillas y santuarios rupestres. El más conocido es el speos de Horemheb —un speos es una capilla excavada directamente en el acantilado, sin muros construidos—, además de estelas y nichos votivos repartidos por ambas orillas.
La piedra que se veía en Kom Ombo o en el Templo de Horus en Edfu empezó su vida aquí, en forma de bloque marcado con la señal del equipo que lo cortó.