Saqqara fue el cementerio de Menfis, la capital del Egipto unificado, y se mantuvo en uso durante milenios. Esa continuidad es su rasgo más singular: en un mismo paseo se pasa de las mastabas de las primeras dinastías a tumbas de época tardía, con todas las etapas intermedias representadas.
Aquí se construyó la primera pirámide, la de Zoser, y aquí se dio también un paso decisivo en la historia de la religión egipcia: en las cámaras de la pirámide de Unas se grabaron los Textos de las Pirámides, los conjuros funerarios escritos más antiguos que se conocen, el germen de lo que siglos después sería el Libro de los Muertos.
La necrópolis acogió además a la élite administrativa. Los visires y altos funcionarios del Imperio Antiguo se hicieron enterrar en tumbas decoradas con escenas de la vida diaria, y en las galerías del Serapeum se depositaron los sarcófagos de los toros Apis, los animales sagrados del culto de Ptah. Más tarde llegaron ocupaciones ptolemaicas y cristianas, con un monasterio copto en la zona. Saqqara sigue en excavación activa y aparece con regularidad en las noticias arqueológicas.