La costa de Marsa Alam fue durante mucho tiempo la parte menos accesible del litoral egipcio del mar Rojo: lejos de El Cairo, lejos de Hurghada y sin conexión aérea propia. Eso la mantuvo con arrecifes en muy buen estado y con muy poca infraestructura.
Todo cambió cuando se abrió el aeropuerto internacional de la zona y los vuelos directos empezaron a traer viajeros europeos sin escalas. Port Ghalib nació de ese cambio: un desarrollo integral concebido a la vez como puerto deportivo, zona hotelera y núcleo de servicios, con canales de agua y un paseo de arquitectura de inspiración árabe.
Es, por tanto, una construcción reciente y sin capas históricas. Su interés es funcional y paisajístico, no arqueológico, y quien busque patrimonio tendrá que desplazarse tierra adentro.