El nombre árabe Wadi el-Seboua significa valle de los leones y viene de las esfinges con cuerpo de león que flanquean el camino de acceso. Ese camino procesional, el dromos, era la vía por la que la imagen del dios salía y volvía al templo en las fiestas.
El santuario lo mandó construir el faraón Ramsés, el mismo que ordenó Abu Simbel, cuando Nubia estaba bajo dominio egipcio, y se dedicó a Amón-Ra, a Ra-Horajti y al propio rey divinizado. La parte delantera está construida al aire libre y la interior excavada en la roca: es la fórmula llamada speos, la misma que se usó en los Templos de Abu Simbel.
En época cristiana el edificio se reutilizó como iglesia: los relieves faraónicos se taparon con yeso y encima se pintaron figuras de santos. Al desprenderse parte de ese revoco quedó a la vista una superposición insólita, con el rey egipcio ofreciendo flores ante una imagen cristiana pintada mucho después.
Cuando el agua embalsada por la Presa de Asuán anegó Nubia, el templo se cortó en bloques y se volvió a levantar en un emplazamiento a salvo, dentro de la campaña de la Unesco. En el mismo lugar se reconstruyeron también los templos de Dakka y Maharraqa, rescatados de otros puntos de la zona inundada.