La isla fue el corazón de Abu, la ciudad que vigilaba la catarata de Asuán y la frontera con Nubia. Su nombre egipcio significaba a la vez «elefante» y «marfil», la mercancía que subía desde el sur por esta puerta comercial.
Aquí se veneraba a Jnum, el dios carnero al que se atribuía el control de la crecida del Nilo, junto a las diosas Satet y Anuket. El santuario de Satet se reconstruyó una y otra vez, y hoy se ve superpuesto en capas dentro del yacimiento, con muros de distintas épocas apoyados unos sobre otros.
La isla conserva además un nilómetro, es decir, una escalera de piedra con marcas grabadas que servía para medir la altura de la crecida y calcular con ella los impuestos de la cosecha. Las excavaciones han sacado a la luz viviendas, almacenes y templos, y también los papiros que dejó la comunidad judía instalada en la isla durante la dominación persa.