El nombre significa en árabe «montículo de cascotes», por los fragmentos de cerámica que cubrían el terreno: los visitantes antiguos dejaban allí las vasijas usadas en los banquetes funerarios. El conjunto se excavó como tumba de una familia acomodada y fue creciendo hasta convertirse en una necrópolis colectiva que se siguió usando durante generaciones.
Todo el complejo se abrió en la roca blanda, con niveles superpuestos comunicados por un pozo central. Se redescubrió por casualidad, ya en época contemporánea, cuando el terreno cedió sobre las galerías. Los niveles más profundos suelen estar inundados por la subida del nivel freático, de modo que el recorrido visitable no llega hasta el fondo original.